Te pasa que entrás a la aplicación del banco, ves que hay plata, pero no te animás a comprarte ese par de botas o a reservar un fin de semana afuera porque no sabés si esos pesos son para tus gastos o para el próximo vencimiento de impuestos.
Esa duda constante te quita energía y te hace sentir que, aunque facturás, nunca tenés un sueldo real.